Asistir a terapia es una decisión importantísima que requiere mucha valentía. 

A continuación puedes leer algunas de las opiniones de mis pacientes.

“Conocerse a una misma, asumir riesgos, quitarme miedos, quererme, crecer como persona….eso es ir a terapia. Y es un esfuerzo, y hay que trabajar, pero se mejora poco a poco y Ana te lo pone fácil con sus deberes consejos y discusiones. Lo primero que me viene a la cabeza es un gracias enorme porque no es fácil acudir a terapia, pero siempre me he sentido con ella segura, en un ambiente de confianza total y la mejoría se nota enseguida. Recomendable para absolutamente todo el mundo". 

 

Marta J

“Tengo que decir que mi relación con Ana fue siempre buenísima y confié en ella desde el

primer momento. Vi que cuando le hacía caso, la cosa mejoraba y que nunca me juzgaba o me

decía que mis problemas fueran tonterías. Esto fue fundamental para seguir yendo a terapia,

en algunos momentos en que probablemente lo hubiera dejado por hartazgo, por lo doloroso

que era a veces y porque crees que no vas a cambiar nunca. Estoy muy agradecida por

empujarme y animarme a seguir porque gracias a eso he podido escarbar en temas muy

dolorosos, afianzar mis cambios y entenderme a mí misma.” 

 

Laura M

 

“Recuerdo que cuando fui por primera vez a la consulta estaba totalmente perdido, sabía que algo iba mal desde siempre, pero desconocía lo que era. Sentía miedo, angustia y me sentía incapaz de hacer nada. Cada pequeña cosa, o no tan pequeña era un reto terrible. Todo lo que hacía estaba mal o era mediocre. Me castigaba continuamente por todo y me sentía culpable por todo lo que hacía y no podía solucionar. 

A día de hoy puedo decir que me encuentro mucho mejor y me quiero a mi mismo. Solo puedo darte las gracias Ana, porque hay veces que uno tiene suerte en la vida y creo que encontrarte ha sido uno de esos momentos”

 

Alberto P

 

“Se puede cambiar mucho, pero hay que trabajar, hacer los deberes y dejar de hacer cosas que

nos dan seguridad, pero que en realidad nos producen mucho daño. Es decir, salir de la zona

de confort. Esto es seguramente lo que más cuesta de todo porque da MUUUUCHOO miedo el

confirmar nuestras peores pesadillas y enfrentarse a cosas que llevas años evitando. ¡¡Pero es

que evitar, tampoco hace que estemos mejor!!, al contrario, hace que hagamos cosas que no

queremos y que no emprendamos otras por el miedo que nos produce fracasar.

Ahora sé lo que es estar bien, que soy capaz de ser feliz y que estoy preparada para los

momentos malos que puedan venir”

 

Silvia C

 

“Cuando llegué a Ana me habían dado cinco brotes psicóticos, y como para parar el estrés, el miedo, la depresión y las alucinaciones  tomaba 20mm de diacepán, mezclados con todo el alcohol que podía consumir hasta desmayarme; mis habilidades cognitivas habían mermado tanto que no sólo no podía hablar, sino que tampoco podía entender lo que me decían. Llevaba tres años así, matándome progresivamente. 

 

Busqué ayuda psicológica porque pensé que podría imitar la conducta de alguien y salir del agujero en el que estaba, porque yo no me veía con los recursos suficientes; por eso elegí la terapia cognitivo conductual.

Y de casualidad me encontré con Ana. 

Desde el principio, por lo que puedo recordar; no me juzgó ni me trató con condescencencia y nunca me hizo sentir que ella pudiera sentir lástima de mi y a esas alturas del juego era algo muy difícil de encontrar en otro ser humano.

Al principio teníamos las sesiones por la mañana y yo acudía directamente borracho y sin poder enterarme de nada, hasta que un día se plantó; me dio el siguiente ultimátum; o dejaba de beber y tomaba la medicación recetada por un psiquiatra o no volvería a entrar a su consulta. 

Supongo que el miedo a perder a alguien que me trataba con esa dignidad y humanidad me hizo reaccionar positivamente a su amenaza. Me puso en contacto con la psiquiatra que me medicó y dejé de beber de golpe con su (no tengo palabras lo suficientemente elevadas para definir) ayuda.  Al cabo de un mes empecé a poder decir frases sueltas cada vez más conexas e incluso a pedir café en un bar sin miedo. Empecé a hablar con mi familia, sobre el paisaje, sobre el perro...

Volví a poder ver la televisión sin el terror a que se dirigieran a mí los que en ella aparecían, sin hacer kábalas con los dorsales de los jugadores de fútbol y algo más tarde a disfrutar las películas. Y esto fue sólo el principio del triunfo.

En estos seis para siete años de terapia con Ana no sólo no he vuelto a beber si no que hemos trabajado mis traumas y miedos que tanto me costaba contar y ser consciente de ellos. Mantengo un discurso coherente, fluido y sólido. Vuelvo a tener sentido del humor. 

Me relaciono con mi entorno con un éxito en las interacciones simplemente inimaginable. Aunque todavía hay mucho que trabajar.  Ana quiere que yo celebre mis logros y dice que lo he conseguido yo. Bien, eso es verdad a medias, porque yo sé que esa profesional tan excepcional, con ese "je ne se quoi" que dicen los franceses me respetó, no me juzgó y me hizo sentir digno y valioso son los cimientos sobre los que he podido reconstruirme y me hacen querer seguir reconstruyéndome y mejorar como persona cada día.

Hay montones de vivencias que guardo con muchísimo cariño que no cuento en esta breve reseña. 

Sólo me queda recomendaros a Ana con todas mis fuerzas porque a mí me cambió la vida la providencia de conocerla y hacerle caso; y lo sigue haciendo.”

 

Luis F

 

“Antes de conocer a Ana me sentía perdida y sin ningún tipo de esperanza de recuperarme, sufría ataques de pánico y no era capaz de salir de casa. Ella supo guiarme de la mejor manera posible, nunca me abandonó y me hizo creer en mi misma. Gracias a ella puedo decir que estoy y soy mejor”

 

LM.

“cuando empecé la terapia no sabía bien a qué iba. A día de hoy tengo claro queme ayuda a convertirme en una mejor versión de mi misma, más valiente y determinada para tomar las decisiones que me benefician”

 

Patricia L

 

Ana me salvó. Dicho así parece muy fuerte, pero es la verdad. En una temporada de mi vida en que era tan vulnerable que un simple soplo me derribaba, en que mi autoestima estaba bajo tierra, en que las horas de llanto eran superiores a la calma, ella me ayudó a ponerle nombre a mis problemas, a reconocerlos, a afrontarlos, a vivir con ellos pero sin que pudieran conmigo, a conocer mis emociones y tener más control sobre ellas…. Me salvó pude seguir adelante gracias a ella.

 

Maria Eugenia P

 

Aún recuerdo el día que llegué a la consulta de Ana renegada por la situación que arrastraba y con una desconfianza que ni siquiera me permitía transmitir cuál era mi problema. Pasaban los día y Ana se ganó mi confianza poco a poco. Comencé a verla como una aliada y fue cuando comprendí el motivo por el que había llegado a mi vida. Era para enseñarme, aceptar, perdonar y valorar la persona que soy sabiendo que yo decido y puedo hacer cualquier cosa que me proponga sin dejar que me hagan daño

 

Verónica C

Admiro la generosidad que desprenden todas las palabras recibidas llenas de amor comprensión y realismo. Estaré eternamente agradecida porque aún a día de hoy, continúo recordando, asimilando y poniendo en práctica todo lo aprendido.

 

Andrés, R.

 

Opiniones